Santos Román

Oviedo, 16/05/2010

 

TISSUES

El título de la exposición no miente sobre sus intenciones. A través de la simple idea del pañuelo, Santos Román (Oviedo, 1983) actúa como director de escena en un gran baile de máscaras en la que un sencillo trozo de tela sirve para dar rienda suelta a la imaginación y a los sentimientos.

El propio pañuelo nos da el poder y la libertad de convertirnos en magos. Un elemento tan cotidiano y usual puede conseguir efectos poderosos y contrarios; podría separarnos del mundo o velar nuestra mirada externa o por el contrario brindarnos una herramienta de expresión y libertad de sentimientos y emociones. La tela, simplemente es el elemento catalizador que nos permite usar creativamente nuestras energías para convertirlas en artimaña o en redención: en nuestra mano está la decisión de mutarnos en creadores o en tramposos.

La claridad de la propuesta esconde una compleja e intrincada red de planteamientos. En la ingenuidad del juego con la tela, participamos del rito alquímico de la correspondencia entre interior y exterior. Podremos entrar en la representación y en sus transformaciones para ver la propia naturaleza psíquica. Por eso es importante que el juego del pañuelo se desarrolle a través del baile. El ritual de la danza es el prototipo de las fuerzas vitales, y no hay duda de que todo arte que no lleve en sí la idea de movimiento carece de función vital. Por eso los personajes saltan, se agitan y vibran, generando esculturas con entidad propia que son documentadas a través de la fotografía y en la que sus protagonistas hacen de su propio cuerpo la obra de arte.

Las retratadas consiguen revelarnos algo nuevo. A través de ellas, lo efímero llega a la experiencia humana. Al contrario que en una narración tradicional, las imágenes no necesitan un antes y un después. No reclaman una interpretación literal de los acontecimientos, sino que navegan en un lenguaje icónico universal que habla de experiencias y afectos pertenecientes a nuestro inconsciente colectivo.

Podríamos perdernos en ellas a través del ritmo de sus colores o sobrevolando sus luces, pero en todo caso tendrán que ser recibidas como reverberación melódica de la sensual experiencia y no desde la aséptica práctica de las estructuras mentales. Desde luego, el recorrido será mucho más placentero si nos dejamos seducir y dejamos fluir la propuesta para asimilarla en nuestra propia experiencia.

Para ello Santos Román, trabaja en la elaboración de cada una de estas fotografías con la complejidad de un auténtico coreógrafo y convierte cada imagen en un espacio intersticial entre la realidad y el deseo. Sus puestas en escena funcionan como dispositivos de reflexión en torno a la identidad, el erotismo y el propio yo. Para ello pone en juego sus experiencias en el campo de la fotografía de moda para renovar de un modo efectivo la iconografía publicitaria.


Texto de Teresa Collazo Lugo

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 Santos Román

112-01/13.GAMAD.1582

30 x 40 cm.

Resistiendo

 Santos Román

112-02/13.GAMAD.1583

30 x 40 cm.

Salto

 Santos Román

112-03/13.GAMAD.1584

30 x 40 cm.

Soy Viento

 Santos Román

112-04/13.GAMAD.1585

30 x 40 cm.

El Destape

 Santos Román

112-05/13.GAMAD.1586

30 x 40 cm.

El Sol

 Santos Román

112-06/13.GAMAD.1587

30 x 40 cm.

 Santos Román

112-07/13.GAMAD.1588

30 x 40 cm.

Casamiento

 Santos Román

112-08/13.GAMAD.1589

30 x 40 cm.

Mirada 1

 Santos Román

112-09/13.GAMAD.1590

30 x 40 cm.

Iluminada

 Santos Román

112-10/13.GAMAD.1591

30 x 40 cm.

Plantada

 Santos Román

112-11/13.GAMAD.1592

30 x 40 cm.

Mirada 2

 Santos Román

112-12/13.GAMAD.1593

30 x 40 cm.

Familia

 Santos Román

112-13/13.GAMAD.1594

30 x 40 cm.

Ataque